martes, 25 de octubre de 2016

La calabaza


                                                         Obra de Elena Vasikova Pro





La calabaza

¿Ustedes saben cómo se dice calabaza en inglés?
Pumpkin. Pumpkin.
Si nuestra calabaza se llamara “Pumpkin” (nombre tan magníficamente sonoro para algo tan sencillo) comeríamos montones de calabazas.
Sopa de calabazas, ravioli de calabaza, calabacín al horno.
Pero la primera cosa que se nos ocurre en un fast food es pedir frennys, o sea papas fritas.
Claro, ¿cómo vas a pedir calabaza si en tu inconsciente eso suena a “calabozo”?
¿Es una cárcel. Es una celda de clausura?
Para deprimirte aún más, en los post-operatorios, ¿qué te dan? Calabacita her-vida.
¿Quién quiere curarse así, her-mano?
En cambio, mirá vos, en EEUU los chicos la usan como máscara la Noche de Brujas y de premio
les dan caramelos, que se dice “candies”.
Pumpkin-Candies Riman ¿lo ves?
Para hundir a la calabaza aún más en la profunda cicatriz que la  estigmatiza  tuvimos una presidenta, de cuyo nombre no quiero acordarme, que en lugar de volverse doncella a las 12 de la noche del día que dejaba el cargo público, dijo que se volvería calabaza (porque era tan bruta que ni el cuento de Cenicienta se sabía, y es probable que pensara que Caperucita Roja había sido escrito por Marx para que los actores comunistas  se encapucharan antes de salir a escena a jugar su rol playing).
Quizás, eso explique que la población argentina  tenga uno de los índices más altos de obesidad del planeta y que nosotros comamos frennys en lugar de caroteno y pura vitamina A, y encima, se nos trate  como a pavos del Día su Acción de Gracias, inflándonos como nabos, por papas fritas.


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