martes, 6 de diciembre de 2016

Prosas V I

VI

No sé si hubo asesinato o instigación al suicidio o muerte natural. Solo sé que no he visto el cadáver. No vi el cuerpo del delito. Sin cuerpo del delito no hay crimen.
Mi amor por Argentina no excluye que sea una ciudadana del mundo.  Nunca sabremos qué pasó si no nos empeñamos en descubrir las patas en que se apoya la mentira de la cultura. Si no sospechamos que todavía hay demasiados alienados por el materialismo como religión.
Si quieres pintar el mundo pinta tu aldea, reza un viejo adagio. Si no empiezo tratando de arreglar los trapos sucios dentro de "mi" casa que es la Argentina no conseguiré resultados más universales. Porque el problema de la globalización debería determinar que no dejaré de ser argentina por amar mi provincia de Buenos Aires, ni dejaré de ser planetaria por ratificar mi compromiso ético en mi patria. Si esto es motivo de discusión, vayan preparando la celda, porque se habrán terminado todas las libertades en el mundo y solo nos pondrán opciones típicas de encuesta telefónica.
No te sientas intimidado por el asombro de la lengua. Sus miles de variantes, sus grados y perspectivas, sus reglas gramaticales y el miedo de olvidarla, te sobrecogen. Ella no pregunta, construye. Ella no irradia, atesora. No siente temor, adviene. Dile tu nombre sin miedo. Ella escucha, preserva, hipnotiza y te despide con la última voz que has de pronunciar, tan suavemente mínima como la primera que ya no recuerdas pero conoces.
Ella: tu lengua madre, tu lengua padre, tu lengua lenguaje, tu lengua compañera, tu lengua enemiga, resumida en un objeto pequeño y precioso, para ser testigo de tu historia. Tienes otros modos de comunicar, es cierto. Somos extraños seres de cultura simbólica que van interpretando a la bartola, cada palabra de los diccionarios escritos en el aire, en la tierra, en el cielo o impresos en papel de lijar. Y lo bien que hemos hecho en no atenernos a definiciones estrictas, en jugar a las escondidas, al gallito ciego, al ring raje, con esos bártulos heredados de los que nos vamos desembarazando durante el transcurso del tiempo. Dicen que la memoria del idioma es un espejismo. Puede ser. Pero, quien se atreverá a afirmar que la verdadera vida no transcurra dentro de la ilusión y que la cruda realidad no sea sino un vulgar rastrillaje de reminiscencias cristalizadas durante el concomitante trayecto.

No se te ha concedido algo tan grande, antes: La posibilidad del silencio. Tu silencio dará sentido a la vez que ora et labora, al ruido del mar, a la música de los instrumentos. Tu discreción, camarada, es ejemplo de alborotos inexpresables, que solamente el hálito palpita y convierte en amor o conjetura. Aprovecha tu intuición para seguir callando y hablar cuando haga falta.

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