martes, 6 de diciembre de 2016

Prosas VIII

V I I I


El  cuerpo es un rincón del paraíso con su inaudible mensaje. Y sin embargo, escribes para conocer su murmullo y no caer en el precipicio oscuro del más allá que te parece infernal. La palabra paga el rescate que te permitirá redoblar la apuesta para vencer a la invencible.

¿Cuál es el ámbito donde la poesía realmente se instala? Podrá circular por la narrativa, la epopeya épica, los estereotipos de las formas consagradas, sus ritmos y cadencias, sus simbologías, sus sentimientos o sensaciones encubiertos bajo la forma alegórica. Podrá pisar pasturas remotas o crear formas menos estructuradas en las que se bifurcan gramática y signos, y se pierden sus huellas para dejar espacio al puro pensar. Podrá roer las palabras, torcerlas, jugar a su antojo con ellas, acomodarlas con o sin sentido posible. Podrá provocar complicidades, espantos, conmiseración, abulia, intimidades, retroceder hasta el asco abismal o elevarse a montañas en las más altas cimas. Pero no. Poesía no es eso. No es solo eso, quiero decir. La Poesía está en el derrubio de las piedras que cubren llanuras de palabras, en la lava de los volcanes que traga ciudades imperiales de la civilización, en los maremotos del lenguaje, sus inundaciones, sus ríos secretos bajo tierra.  La poesía es, entonces, un vuelco, una caída, una subversión del orden creado. La poesía no es solo belleza, ritmo y musicalidad. No es mensaje ni cuento.  La poesía está o no está. Punto y aparte.

Quisiera ser explícita sin caer en la abusada estructura : artículo-sustantivo + - ser-no ser/ estar-no estar /to be or not to be/+ complemento predicativo.   Si observas  a cualquier escritor, poeta, novelista, ensayista, narrador (me incluyo, por supuesto) verás que a menudo subyace esa modo simplificador de explicar lo indecible.  “La poesía es, entonces a,…  La poesía no es solo… “ Pero, advierte que cuando digo: La poesía está o no está, marco claramente el final de la oración.

Las categorías, las divisiones estéticas, los nombres en negrita. la bastardilla, rondan el maniqueísmo político y social. Nada tienen que ver con el encuentro poético.
¿Hay poesía en la huella elíptica de un poema? Me temo que no. Como cualquier otra postura que elija será opinable. Mi lector podrá revelarse, discutir la cita, ofrecer nombres famosos que respalden su postura crítica. Igual, no habrá poesía en la alusión elíptica. Por mucho empeño que le pongan sus defensores o detractores para crearla como categoría. La señal nada agrega al poema, aunque la poesía recupere la señal.

Cuando el poeta calla intencionalmente lo que sabe y hace apología del silencio, burlándose de su quizá único destinatario, se transforma en un publicista de régimen que se bajó los pantalones ante la vista atónita y desconcertada de la tribu, que no le pedía tanto. Deja de ser poeta para convertirse en redactor de versos.  Me enferman sus poses, sus escritorios montados sobre una tarima de oro, sus posteriores premios amañados para la foto consagratoria y sus palabras híbridas de sentido. Y sin embargo, cuando el poeta escribe desde el silencio, sin hacer inútil alarde de su humildad, su voz se vuelve decreto y su obra comienza a rozar la excelencia. Su  marca no podrá ser cubierta por la herrumbre ni manchada por el vicio del olvido.


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