martes, 25 de octubre de 2016

Al otro lado de la ventana (2)

Al otro lado de la ventana (2)


Judith I y II decapita a Holofernes - Gustav Klimt  (1901)


Al otro lado de la ventana está el mundo real.  Desde allí veo el Exequias Bar de Ibiza abierto por las noches. La camarera nigeriana me vuelve loco. Camina con aires de princesa africana, lleva colgantes en el cuello y es alta, casi tanto como yo, que si no fuera tímido podría ser basquetbolista o modelo de alta costura, quizás galán de cine. Pero no. Soy escritor. Y los escritores no tenemos vida propia. Solo vemos pasar escenas breves de vidas ajenas y tecleamos sin descanso. La camarera nigeriana me descubrió y sonríe. Cree que soy gay y me enseña sus descomunales senos. Empezó el verano.

Reencarnaciones













Obra de arte hindú






Reencarnaciones

Nació. Gimió. Mamó. Habló. Aprendió. Inventó. Gritó. Soñó. Enfermó. Murió.
Resucitó.
Nació. Gimió. Mamó. Confió. Trabajó. Engendró. Perdió. Se jubiló. Murió.
Resucitó.
Nació. Gimió. Mamó. Escribió. Rió. Besó. Mordió. Aró. Se casó.  Huyó. Sufrió. Murió.
Resucitó.
Nació. Gimió. Mamó. Creó. Ganó. Compartió. Se cansó. Envejeció. Rezó. Murió. 
Era Dios.
Resucitó.


La calabaza


                                                         Obra de Elena Vasikova Pro





La calabaza

¿Ustedes saben cómo se dice calabaza en inglés?
Pumpkin. Pumpkin.
Si nuestra calabaza se llamara “Pumpkin” (nombre tan magníficamente sonoro para algo tan sencillo) comeríamos montones de calabazas.
Sopa de calabazas, ravioli de calabaza, calabacín al horno.
Pero la primera cosa que se nos ocurre en un fast food es pedir frennys, o sea papas fritas.
Claro, ¿cómo vas a pedir calabaza si en tu inconsciente eso suena a “calabozo”?
¿Es una cárcel. Es una celda de clausura?
Para deprimirte aún más, en los post-operatorios, ¿qué te dan? Calabacita her-vida.
¿Quién quiere curarse así, her-mano?
En cambio, mirá vos, en EEUU los chicos la usan como máscara la Noche de Brujas y de premio
les dan caramelos, que se dice “candies”.
Pumpkin-Candies Riman ¿lo ves?
Para hundir a la calabaza aún más en la profunda cicatriz que la  estigmatiza  tuvimos una presidenta, de cuyo nombre no quiero acordarme, que en lugar de volverse doncella a las 12 de la noche del día que dejaba el cargo público, dijo que se volvería calabaza (porque era tan bruta que ni el cuento de Cenicienta se sabía, y es probable que pensara que Caperucita Roja había sido escrito por Marx para que los actores comunistas  se encapucharan antes de salir a escena a jugar su rol playing).
Quizás, eso explique que la población argentina  tenga uno de los índices más altos de obesidad del planeta y que nosotros comamos frennys en lugar de caroteno y pura vitamina A, y encima, se nos trate  como a pavos del Día su Acción de Gracias, inflándonos como nabos, por papas fritas.


Antropólogos del futuro

Antropólogos del futuro



                                                                              José Alcalá - Metro



Cuando los antropólogos del futuro exploren nuestro tiempo pasado, lo harán a través de los relatos de experiencias reales, como con este pequeño ejemplo que me tocó protagonizar:
Estoy sentado en el umbral de una iglesia del centro de la ciudad. No importa cual.  Es mediodía.
Acabo de llegar de Sudamérica sin tener donde ir, pero no mendigo.
Apenas escucho los ruidos de la multitud que circula presurosa de un lado a otro, conversando animadamente o cariacontecida, mientras gesticula con un teléfono móvil en las manos. No me ven. 
Me obligo a no oler los aromas exquisitos de las comidas étnicas y coloridas que ofrecen los bares al turista, por pocos euros. Las espléndidas jóvenes visten con esa estudiada elegancia informal y caminan con aires de nobleza. Perdido en mis vagos pensamientos me enfrento con la desesperación del recién llegado.
Una mujer mayor (¿75, 80 años?) se acerca y me pregunta con dulzura si me ofendería si me ofreciese una bocata de jamón ibérico con su pan humeante sin tocar.
- ¿Cómo supo que tenía hambre, señora? -le pregunté.
-Estás en Madrid, hijo- respondió al tiempo que me  daba su botella de agua y su emparedado- Ya tendrás oportunidad de hacer lo mismo. Disfrútalo.


El durazno o melocotón

Escucha aquí: El durazno o melocotón




                                                                       Obra de Alvaro García Gómez.




EL DURAZNO O MELOCOTÓN 
O LA IMPORTANCIA DE LAS ESDRÚJULAS EN EL MESTER FILOSÓFICO.

El eje paradigmático del durazno, en tanto que duraznidad (o melocotonidad para los jatiboniquenses) es parafraseando al borgeano laberíntico del aleph/alfa, un punto de inflexión de la eclosión universal del fonema en cuanto a su proyección a los yoes relevantes de su condición duraznil; y se interpola al imbricado escollo del problema mayestático que responde al premeditante discurrir heraclitano jamás resuelto por el discurso socrático, de si la humanidad comiera el último fruto del árbol, en tanto que arbolidad arbórea, y no enterrara su carozo, que según la definición de la R.A.E. es el hueso duro y rugoso (aquí de rima obligatoria) que encierra una amarga almendra, ¿se acabaría el fruto futuro, dejando a la contemporaneidad post-posmodera en estado de indefensión apoplética?
Hoy en día, atrapados en una red telemática, cibernética, internáutica y plurifacética dentro de la carretera virtual, estamos apreciando el acontecer de un futuro inderogable, en su puro devenir, de no enterrar debidamente el carozo del durazno o melocotón, restringiendo el debate semiológico y metalingüístico a un acto formal y aperingotado en su bucolicismo, descaminando la senda del regocijante néctar, escatimando su importancia pertinente y extralimitando nuestras circunlocuciones con ardites barthesianos del estructuralismo simplificante, cayendo en la artimaña deconstructiva de las teselas de un mosaico que simula la propia Babel, en un presente al estilo de Derrida o ante el pesimismo fatalista y lacaniano de la bolognesa Universidad donde Umberto Eco solía impartir sus míticas clases en tiempos pretéritos.
Claramente planteada, nuestra demanda no se queda inmovilizada en el plano retórico sino que amortiza un coste existencial anticatastrófico que nos permite inferir que sin enterrar el carozo del último durazno, no habrá durazno ni tampoco melocotones para nuestros hermanos de Centro América.
Por ello y sin caer en demagogias, universalizando el arquetipo, plantearemos categorías cósmicas fundantes de una ciencia eficaz que supere toda duda cartesiana y nos preguntaremos si para que en un futuro mediato haya batatas, los hombres deben enterrar la batata, puesto que esta al igual que la banana, nao tem carozo, mas tem filamento groso que dificulta a mastigaçao.

Muchas gracias.

Lucia Folino

Al otro lado de la ventana



Al otro lado de la ventana
Al otro lado de la ventana hay un adulto cruel y despiadado. Lleva tatuajes de cicatrices como arañas en los brazos y un cuerno negro, brillante, en el escudo de su camisa rasgada.
Ha bebido tanto que no se mantiene en pie. Iracundo golpea el vidrio detrás de las rejas, haciendo estallar los cristales que salpican mi cuarto. Grita. Maldice.
No le abriré esta noche. Mi madre me rogó que no lo hiciera.
¡Que se muera en la calle!
El hombre que seré a su edad no tiene derecho a dormir en esta cama.

Alucinaciones




Alucinaciones  (en cincuenta palabras)


Una angustia brutal y siniestra se apoderó de su mente en estado de alucinación. « ¿Habré soñado con él?», pensó mientras se quitaba las babas del cuerpo.


Se levantó como impulsada por un rayo y fue hacia el espejo. La sangre brotaba de su cuello mientras sus ojos se encendían extenuados.







Lu













Matisse  - Icaro.

Escucha aquí : Alucinaciones