jueves, 27 de octubre de 2016

La canción de Rosana (by lamarcadelchacal Andrés Martino)


La dama de armiño. Leonardo Da Vinci.


Sigo observando mi trocito de cielo. Ese que canta Rosana, que hipotecaría por vivir contigo porque vivir sin ti pa´ qué. Lo sigo mirando mientras siento cómo te alejas aunque estés a mi lado. Las curvas de tu cuerpo dibujan las formas del amante, el aroma de tu piel exhala su perfume maldito. Eres mía. No consentiré que nadie te robe. Cubro tu rostro con la almohada. Espero impaciente a que dejes de jadear y resistirte. Cuando la guerra cese marcaré tranquilamente el número de la policía confiando en que estas pastillas para dormir hagan su efecto profundo: 1, 2, 3, 4… 

Trocito de cielo ( by lamarcadelchacal Andrés M)

Microficciones reales.



Tercera persona
“Sigo observando mi trocito de cielo”, dijo el presentador del programa de La Ser como consigna que daría pie al concurso de microficciones de la próxima semana. Vaya mierda, pensó. Si no necesitara desesperadamente los seis mil eurazos del premio, no mandaría ni una sola línea a la radio. Pero mira que han elegido el cuento más cursi, el menos inspirado, la frase más chorra, el resultado ha sido puro capricho. Si el autor de Moscas se hubiera enterado contra quién competía (una argentina apañada por Enrique Páez y su colega, chupamedias oficial de la industria supersónica) podría haber elegido el otro, el de la chica Pérez, y no hubiera dado lugar al empate. Poco tacto, poco olfato. Os vais a enterar quien soy, coño, diría imitando el tono de su vecino de cuarto.
¿Creerán estos tipejos del garrote vil que todos somos estudiantes de la escuela media aprendiendo a escribir redacciones tema “la vaca”? ¿Para qué ha leído uno miles de libros en bibliotecas populares? Así va el mundo con estos jurados impresentables.
Se le cruzó por la cabeza apersonarse en Covarrubias y descargar el arma de su padre en medio de los ojos  del director de Escritores punto org., sin explicación alguna y punto.
Desistió por una sola razón, la semana que viene hay otra oportunidad y él no es un asesino, qué bah… es un lustrador de muebles usados a quien dejó su mujer porque nunca pudo llevarla a París para el puente de Semana Santa. Si llega a ganar invitará a Carmela a cumplir el sueño de conocer la Ciudad Luz y, tal vez, ser felices de nuevo. Sigue observando su trocito de cielo, el único que le reserva la suerte, porque la Once tampoco le toca.

En primera persona

“Sigo observando mi trocito de cielo”, dijo el presentador del programa de La Ser como consigna que daría pie al concurso de microficciones de la próxima semana. Vaya mierda, pensé. Si no necesitara desesperadamente los seis mil eurazos del premio, no mandaba ni una sola línea a la radio. Pero mira que han elegido el cuento más cursi, el menos inspirado, la frase más chorra, el resultado ha sido puro capricho. Si el autor de Moscas se hubiera enterado contra quién competía (una argentina apañada de Enrique Pez y su colega, chupamedias de la industria supersónica) podría haber elegido el otro, el de la chica Pérez, y no hubiera dado lugar al empate. Poco tacto, poco olfato. Os vais a enterar quien soy, coño, diría mi vecino de cuarto piso.
¿Creerán estos tipejos del garrote vil que todos somos estudiantes de la escuela media aprendiendo a escribir redacciones tema “la vaca”? ¿Para qué ha leído uno miles de libros en bibliotecas populares? Así va el mundo con estos jurados impresentables.
Se me cruzó por la cabeza apersonarme en Covarrubias 1 y descargar el arma de mi padre en medio de los ojos  del director de Escritores punto org., sin explicación alguna y basta.
Desistí por una sola razón, la semana que viene hay otra oportunidad y yo no soy un asesino, qué bah… soy un lustrador de muebles usados a quien dejó su mujer porque nunca pudo llevarla al Disney de París para el puente de Semana Santa. Si llego a ganar invitaré a Carmen a cumplir su sueño y podremos ser felices de nuevo. Sigo observando mi trocito de cielo, el único que me reserva la suerte, porque la Once tampoco me toca.



Versión reducida.

Álbum personal (Andrés y Flor)

“Sigo observando mi trocito de cielo”, dijo el presentador del programa de La Ser como consigna del concurso de microficciones de la próxima semana. Vaya mierda. Si no necesitara desesperadamente los seis mil eurazos del premio, no mandaba ni una línea a la radio. Pero mira que han elegido el cuento más cursi, el menos inspirado, la frase más chorra, el resultado ha sido puro capricho. 
Se me cruzó por la cabeza apersonarme ante el jurado y descargar mi arma contra ellos. Desistí. Seguiré participando. Ese es mi trocito de cielo, el único que me reserva la suerte, porque la Once tampoco me toca.

A cielo abierto



Y el mundo gira
Joaquín Aragón

 
A CIELO ABIERTO

Sigo observando mi trocito de cielo desde el avión de bandera del país más austral del mundo. Esperan el arribo al aeropuerto de Amsterdan en una hora. El comandante anunció las coordenadas en una lengua que no logro descifrar. Estoy viajando en vuelo regular nocturno. Avanzo. Una azafata intenta detenerme y la paralizo con un golpe que aprendí de niña. Tapo su boca con cinta adhesiva y sin que nadie lo note entro a la cabina y  pido con dulzura al piloto que me deje conducir la nave, que hay nueve pasajeros con bombas preparados para detonarlas a una sola orden mía.

             

El telar imaginario



Ilustración propia.



EL TELAR IMAGINARIO


Sigo observando mi trocito de cielo recostada en la hierba fresca, mientras voy deshilachando hebras de un telar imaginario.  El arcoíris aparece tras una lluvia copiosa, que marcó el comienzo de la temporada estival. Mis hijos viven fuera del pueblo. Estudian en la Universidad. Son guapos e inteligentes. A mi alrededor, hay tulipanes; se aprestan a perfumar el envío que hará mi marido a su actual querida. No siento celos. Comprendo que es un hombre joven y bueno. Tiene derecho a compañía. Después del accidente en el que salvé mi vida de milagro, el autismo apenas me permite la mitad de la existencia.