lunes, 14 de noviembre de 2016

El acantilado

“No era el mar pero se le parecía”, replicó el padre mientras volvían al hogar. Los niños estaban alterados. “Tenía razón el novio de mamá cuando dijo que eras un perdedor y apostó a que no iríamos a ninguna playa”, chillaron. El motor del automóvil recalentaba. La laguna de Chascomús no era el mar; sin embargo, hizo un gran esfuerzo para reunir el dinero que le permitiera gozar del feriado largo con sus hijos. A la tercera queja decidió torcer el rumbo. Pegó la vuelta y enfiló por la ruta que desemboca en un acantilado. Evocando a Thelma y Louise daría el angustioso salto no sin antes complacerlos, invitándoles a comer hamburguesas en un McDonald´s. 

La musa de Sabina







- Espero que puedas perdonarme por abusar de ti,  suplicó Joaquín Sabina a su musa, frente al cuaderno en blanco. 
-Primero deberás donar tus derechos de autor para los refugiados, y cumplir tres siglos de purgatorio a pan y mate.
Sabina canturreó un tango: “Ya tenés alas, volás pa´ donde quieras. Yo sigo en mi rincón a pan y mate. Si así pagás lo que por vos yo hiciera, andate de una vez, hoy mismo... andate”
La musa se marchó furibunda llevándose los seis gatos. Prometió cocinarlos esa noche. 
El viejo alucinaba: ¿Me pasé con el güisqui  o el ácido viene cada vez peor?















En otras versiones: siete 

Cómplices y testigos




A punto de ir a Juicio Oral por los delitos económicos perpetrados que le auguraban prisión por varios y penosos años, el reo pidió públicamente a su familia que le concediera un deseo.  Su hermosa mujer y sus resplandecientes hijos respondieron solícitos que así lo harían:  “Mátense. Me podrían haber frenado.