martes, 6 de diciembre de 2016

El tiempo

EL TIEMPO.

El meteorólogo apagó el despertador justo a tiempo. Nublado y frío. Humedad ciento por ciento. Probabilidad de chaparrones. Todavía tenía unos minutos para remolonear en las sábanas vulgares de su cama de recién divorciado.
Malos tiempos para enamorarse. Charlot tenía razón: crisis, individualismos, desempleo. Eran tiempos del cine mudo. Todo estaba sujeto a mudanzas y devaneos industriales. Oh tempora oh mores. Tiempos modernos. Nada ha cambiado.
El reloj marcó las quinientos. 5.00 a.m. hora local en todo el país.
Tiempo de tomar un café cargado con pan de salvado y manteca. Qué salvado ni salvado. No tendría que comer pan con manteca. Es tiempo de empezar una dieta, gordito. Cuestión de proponérselo. A mal tiempo buena cara.
A mal tiempo buena cara, pensó.
Se dio una rápida ducha (para no perder tiempo) y se vistió con esmero. Primer día de trabajo, después de sus vacaciones en el Tiempo Compartido con la mujer que lo abandonaría por su mejor amigo.
“Todo bien” se dijo, aunque añoró los tiempos de su abuela con familia para toda la vida.
Aunque si la vida te dura demasiado ¿se puede seguir amando a la misma persona durante tanto tiempo? La pasión acabará con la Nona de Sábado Santo. Si al menos uno supiera cuánto tiempo le queda a la nona.
Él podría intentarlo con la chica del aviso del Seguro Automotor, la que muestra los carteles en el noticiero.
Apurate, hombre. No te quedes ahí que no podés tomar taxi todos los días, con la miseria que te pagan en el canal. No te distraigas, man y dejá la parálisis que no es tiempo de búsqueda. ¿Qué será el tiempo? ¿Hay un tiempo absoluto, uno relativo, y otro que definitivamente no existe?
Tiempo y espíritu. Vana dialéctica.
“Soy un hombre de mi tiempito” dijo Sábato. ¿O fue Borges? ¿Y “Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo”? Qué se yo. Tanto tiempo que no agarro un libro. El trabajo no me deja tiempo libre. En mis buenos tiempos era lector de novelas. (“Allá lejos y hace tiempo”, obra maestra) Tengo que sumar y restar coordenadas todo el santo día (¿todo el tiempo?) laburando para decir el informe de las mañanas. ¿Qué me pongo? ¿Y si el tiempo se descompone? Si no sabés vos que estudiás el clima, macho...

¿El clima es tiempo o es clima nomás? Da igual, ¿quién le hace caso al hombre del tiempo?
Si estuviera más tiempo con ella, si la chica del seguro me diera calce, pero la boba anda detrás del locutor que le lleva 30 años. Quince más que yo. Me contaron los camarógrafos que los vieron juntos. ¿Cuánto tiempo le durará el jovato? A las minas no les gusta que los hombres tomen pastillas. Menos mal que todavía soy joven y no necesito estímulos extras. Ya habrá tiempo.
Cuando el meteorólogo llegó al canal, lo encontró clausurado por un incendio. Los bomberos llegaron en pocos minutos y hubo suficiente tiempo para sofocar las llamas que aparentemente no tenían origen intencional.
Los reporteros en la calle tomaban montones de fotografías. Venían de todos los medios televisivos, gráficos y radiales.
Tiempo al tiempo.
Un muchacho estudiante de periodismo le pidió algún comentario al respecto.
El meteorólogo no tenía gran facilidad de palabra ni técnica adquirida para las entrevistas.
Así que lo único que se le ocurrió decir fue: “Crónicas marcianas. El tiempo debe detenerse”, recordando dos títulos de novelas de sus escritores favoritos de la adolescencia”.
El productor de un canal de la competencia lo vio en pantalla al mediodía y por primera vez notó la lucidez, buena presencia y carisma del meteorólogo.
Sin perder tiempo, lo hizo llamar por su secretaria y le ofreció la conducción de un programa de la tarde del tipo magazine: “Tiempo de mujer”. El gerente del noticiero en el que trabajaba el meteorólogo era su ex suegro y como “en el tiempo de higos no hay amigos”, el productor le ofertó el triple del sueldo y la posibilidad de llevar una co-conductora a elección.
La chica del Seguro era tan bonita que el ofertante no tuvo inconveniente en aceptarla.
Ella enseguida olvidó al locutor mayor y apuró el noviazgo con el meteorólogo devenido en estrella de señoras.
El Minuto a minuto lo favorecía. Cuando él se quedaba sin palabras guionadas mencionaba algún título de novela: “Tiempo de cerezas”, por ejemplo, y todos lo consideraban el último gran intelectual. Cuando le tocaba el turno a la asistente, la muchacha cantaba:
“Quiero tiempo
pero tiempo no apretado,
tiempo de jugar
que es mejor,
por favor me lo da suelto
y no enlatado
adentro de un televisor”…
Siempre la misma y única canción que recordaba de boca de su madre, fan de María Elena.
Los más pequeños deslumbrados aplaudían en el estudio.
Un día de estos el dueño del canal la invitará a salir y encabezará un programa para chicos. Es probable que antes de fin de año haga cuatro o cinco propagandas y firme un libro de cuentitos infantiles, que le escribirá alguna maestra jubilada.
Un día como hoy el dueño del canal la invitó a salir y le prometió que encabezaría un programa para chicos. Es probable que antes de fin de año haga cuatro o cinco propagandas.
Lo del libro está lejos. Falta un tiempo, aún. Tal vez, intentando con algún empresario poderoso, o algún funcionario del Gobierno tendría mejor suerte.
Y luego, pedirá tomarse un tiempo para reflexionar sobre la pareja.
Mejor no pensar en eso. El tiempo dirá.
Mejor no pensar en eso. El tiempo dirá.
Mejor no pensar en eso.
El tiempo dirá.



La miseria de lo falso

LA MISERIA DE LO FALSO

Nuestra Virgen María, la intensidad de ausencias, María de la Tierra, Lucía la que lucía en ensoñaciones.
(de vez en cuando escuchas aquella voz canta la negra Sosa).
Aquella voz. Esa voz.
Pero esa voz es falsa moneda.
No existe el artilugio como no existe ella. No existe más nuestra infancia, donde dejamos la pobreza estructural rodeada de libros de Tolstoi, María María, la guerra y la paz, extraña coincidencia la nuestra de readers digest y anas kareninas.
Muchas personas hallan corriente y fatal la falsificación de la moneda.
Igual de vulgar e inexorable encontramos la imitación de las vidas sin identidades: El mundo paralelo de los que transitan por un heterónimo.
Y ocurre, de vez en cuando, que nos sentimos vaciados por el espectro. Como si el anónimo personaje quisiera ser nosotros mismos, nuestra palabra perfumando con aire el nuevo día. No los desechos que se asientan en la mente al desdoblarse y vernos desde fuera. Nuestra voz corregida por el foniatra de los pájaros. Una palabra de palabras, que pasa en limpio el borrador de nuestras intenciones, afectos y desperfectos. Una lupa que aumenta el signo. Una signatura como asignatura pendiente o dependiente.
El portento es este, para algunos incautos que subliman y tildan de agradable el estereotipo. Porque cuando uno quiere desgajar (desgarrar, desnudar, desvelar) el desfiladero, advierte sin ir demasiado lejos de su calle que no hay voz sin eco, ni eco sin arquetipo.
Sonámbulos y desprevenidos vamos pactando tristes rutinas para descubrir falsificaciones en nuestras imágenes oníricas.
¿Y qué se nos presenta con el análisis de tales agostos?
Que teníamos falsos billetes en nuestros bolsillos mágicos y que es hora de irlos devolviendo al legítimo dueño: El portador del detritus de la confianza ciega.
He aquí la verdadera miseria. Nuestra orfandad en una caja de supermercado. La vergüenza de sentir que no somos creídos por no haber sido creados, por carecer de nombre y apellido. Por ser un simulacro de pensamientos, más o menos afilados, heridos por el trueno de la esencia perturbadora de nuestro mutismo.


Las artes experimentales


Las artes experimentales


Evaluando las pérdidas, metamorfoseando las prosas, papeles que se lleva el fuego,
aprendí que ensoñar es soñar.
¿En soñar?
¿Ensoñar es soñar o sonar? ¿Sonar como suena una castañuela o como te sonás la nariz para aliviarte los antiestéticos mocos del invierno?
...cuando escribo en un cuaderno "Arte", aunque ya no se llame así, y abunden imitaciones de tres por cinco pesos, me obligo a tener una conciencia mayor sobre lo trascendente o apocalíptico de la letra impresa con birome de Invento Argentino, mejor azul, que negra porque negro es el color oficial de las demandas forenses.
En las páginas del R N R, sus dibujos de Eros desnudas, y sus poemas que vuelan como los días, discurro que dentro de pocas horas, ya no estará aquí mi sensación de ahogo y desfallecimiento, dejada en palabras que nadie lee, tiradas a un vacío etéreo, pero absolutamente productivo del desorden... en estas efímeras sábanas sin usar de los cantantes que se animan con la literatura o el tango, y me siento a gusto…
En bailar, ensoñar, ensañar, enseñar…
Nada tiene un por qué, qué que es dulcemente acatado por las generaciones que conocieron el mouse Genius desde la cuna. Yo que fui una post Mickey Mouse, pero pre-Asterix, no puede dejar de pensar en ese porcuá, perké, uai?, ay, ¡que guay!
¿Por qué hay que morir todos los días un poco con cada muerte anticipada e inescrupulosa?
¿Siendo que las libretas se humedecen, se queman, son detritus que echan cabezadas y terminan en una bolsa sucia donde la gente solamente busca comida, por una mínima y poderosa fe en la supervivencia merece la pena sobrevivir en la red?
¿Sobrevivir para seguir buscando, colectando nueva basura para recaudadores habilitados?
Mi basura ciber virtual, me excita, porque entre los agricultores de la nada puede ocurrir el milagro de encontrar ecos y resplandores lejanos, que se reproduzcan en los espejos del infinito multiplicado.
Cuando leo algún autor diferente, veo un cuadro delirante, nuevo para mi, que no termino de conocer a mis viejos artistas de siempre y que incorporar “otro” significa una misericordia, una erradicación, un dolor intenso ante el extrañamiento, un inesperado no saber si podré aceptarlo en mi módica familia, cuando detecto un nuevo, decía, me sorprende la originalidad que tenemos en común, lo que nos separa y nos acerca (desde Los Ángeles o a Portugal, de Plaza de Mayo a Canberra). Entonces imagino que la diferencia entre quien obra y quien percibe es una frontera gris y delicada, que se adentra en el pálpito, esa función que cada uno de nosotros tiene que cruzar o no cruzar, ejerciendo ese derecho conscientemente.
Los periodistas escritores, como los escritores periodistas, me dan esa clase de saudades, más pena que melancolía, porque una de las dos profesiones no es el impulso de su libertad, sino de la libertad que nos impone el mercado. La obligación de pagar la cuenta del teléfono.

Entonces, en lugar de cuestionarse (¡y dijo que lo había pensado solito!) sobre la grosería de los monopolios que se acopian de los derechos por inventar algo que tiene que ser de todos, porque todos nosotros merecemos el universo entero, me enfado con los que compramos los discos repetidos, y siempre que sea posible un libro bien encuadernado antes que sus fotocopias, y andamos por las redes colgando garabatos, alimentando negocios de piratería mezquina y reivindicando el hambre pornográfica, ¿ y el Arte?, bien gracias.

Cartas de ti a mí

Querido cuerpo:

Buenos días, minina.

Hoy te recupero tras largas noches de pereza en el destierro que elegiste.

Emotivo es el eco de tu llanto en las mejillas. Un dolor agudo se va evaporando con tus lágrimas, que ya no son salados granos sino almíbar dulce.

No debiste persistir en esa lucha desigual donde ni siquiera eras vos contra el mundo sino vos contra vos misma, portando el peso de la Humanidad en tus espaldas. Solita y sola; como una obligación kármica, como un destino fatal que te impusieron los miserables perversos del poder, que intentaron distorsionarte con sus curas profilácticas.

No negaré que su cartita, producto de una filosofía existencialista de manual escolar, ha impactado fuertemente sobre mí.
El milagro se encuentra cada día disponible para quien sepa verlo o ayudarlo a descubrir su fino velo.

Tu cuerpo está aquí, con nosotros, todos los tuyos.

Qué lejos queda aquella Fedra que te atosigaba con su leyenda mitológica.

A cada minuto mutamos y nos tornamos distintos. Tal como anunciaba el poeta: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

Emerger de la sombra tuvo un costo. Estás pagando los errores.

Bienvenida a la vida, que por ahora, es esta, la única que conocemos los mortales.

Lu.



Estimada Lucía:

No negaré que su cartita, producto de una filosofía existencialista de manual escolar, ha impactado fuertemente sobre mí. No pasó inadvertida.

Se fue instalando como un murmullo en mi memoria, preguntándome una vez y la siguiente, si no tendría usted razón en su invitación a la realidad y en pedirme que me dedicara a conservar mi cuerpo, la materia, la cáscara que me permite sobrevivir, aunque ésta también sea una pura energía condensada.

Me muestra en el espejo la incompletitud y destroza la perfección de las líneas mentales con lo concreto.

Usted me exhibe impunemente el embrión de la senilidad ante mis ojos, para que yo diga stop, alto el fuego, se acabó lo que se daba.

Debo regresar urgentemente al tacto y al sabor, al oído de las voces y la tersura de la música; a percibir el perfume de los árboles; a sentir el contacto de mis pies caminando en la arena; y debo comprarme un par de zapatos para rodar por el asfalto de Buenos Aires y un vestido nuevo y escotado para las fiestas con bailes de verano.

No será fácil. Ya me conoce: soy intratable por naturaleza y rebelde por convicción. No acepto reglas fijas, ni estructuras prediseñadas para amortizar las diferencias y vendernos felicidad último modelo en un lindo envoltorio de papel de seda. No me convencen las historias de redención. Creo, como tantos, que el universo es una gran mentira organizada. Toda verdad es media verdad. Toda mentira es una gran mentira.

Sabotearé sus nobles intenciones para el renacimiento que me propone, a cada paso. Seré implacable. Evite los descuidos.

Necesitaré tal vez muletas y una dosis extra de optimismo adulón ante mi falta de perseverancia crónica. Poseo el don de arruinar los proyectos más simples, ingenuos o sencillos.

Vivía sumergida en el fondo del abismo, sin luz ni fantasía aunque feliz con mi conciencia. No tenía una escalera al cielo de Lucy in the sky of diamonds, ni un unicornio azul ni compañeros que me canten que le den candela, ay, que le den castigo.

No creo que lleguemos a ser amigas, señora, al menos intentaré convivir con usted, con mi otro yo, con mis fantasmas, mis personajes reales, sus duplicados y recodos y sus papeles carbónicos, que son muchos y secundarios, que no dejan de hacer un ruido escandaloso durante la jornada diurna y al caer la medianoche entran con sigilo a poblar mis sueños vibrantes con historias de alucinaciones, de terror y de misterio.

Usted me ha tendido una mano salvadora.
 ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Valdrá la pena?
   La aceptaré con precaución y escepticismo.
     No pienso agradecérsela.

Lu.



Prosas X

X


Lo que vengo comprobando en los últimos tiempos es que las mismas mujeres son tan feroces con sus congéneres que no falta ocasión de que, con la excusa de que te quieren bien, te tiren la autoestima al piso.  Hace un tiempo le dije en el gimnasio (ejem) a una señora de mi edad (flaca, avejentada y fea, para qué te voy a engañar) con quien había coincidido el día anterior y de quien no recordaba el nombre: "chilena". Se lo dije con un tono simpático, amistosamente, porque es chilena y aunque vive aquí hace mil años tiene tonada. Se puso como loca, y me reprochó, "es como si yo a vos te llamara: la gorda". Me dio tanta risa que la pobre, cuasi analfabeta para más inri, todavía está esperando la explicación del chiste. Qué le vamos a hacer. La envidia existe. Lo malo es que esas mujeres educan a sus hijos, hermanos, maridos en este código perverso en el que tener kilos de más es peor que ser puta, ladrona, mal bicho, ignorante, drogadicta o fastidiosa. Nosotras, a lo nuestro. Y que se perturbe quien no conozca la escala de valores. Si tu novio te dice que "anoche te miraba y no me gustabas" (leí que esto sucedió realmente, a una persona de mi confianza) lo mejor es responderle con una carcajada -eso desactiva la agresión-: "Se nota que estás envejeciendo y necesitás consultar al oculista para que te recete un buen par de anteojos". Se va a dar por aludido. Eso sí, tenés que reírte de vos misma también, porque si no lo matás, como dice Cacho Castaña y después tendrás que huir.
El corazón pelea contra el corazón. Hace trampas y se aloja allí donde la nieve ha caído en gruesos copos, esperando arrepentirse de haber perdido el verano entre decepciones y engaños. Ignora que su nacimiento estará lejos y su cautela muda de cosas y abundante de abstracciones que han vivido en su interior, como un gatillo sin disparar. ¿Quién maneja los hilos de los huérfanos?  Hemos de mantener intacta la convicción de temeridad, para seguir agolpándonos en la memoria sombría,  porque nos han señalado  que debemos presumir un poco y ponernos a salvo, cuando la correa aprieta fuerte la montura y los aparejos del animal agridulce estorban la carrera. Aislados y tendidos en borradores que dan tumbos en cada tranco, con balas de una contradicción lingüística:  el arma desarmada de bajo calibre que mata toda expectativa de Justicia terrenal.
Antifreudiana: No importa quienes somos, qué infancia hemos tenido ni como hemos llegado hasta acá. Lo que importa es que inexorablemente nos iremos más tarde o más temprano.






Prosas IX

I X
Detengámonos un poco en el trivial asunto del estilo. Hay personas a quienes admiro con fervor. Tienen el don de narrar de un modo neutral. Desaparecen de sus relatos y nos dejan apaciblemente disfrutar de los acontecimientos que les suceden, con una frecuencia inusitada, a sus múltiples criaturas.  Escriben de un modo delicioso, nos cuentan los detalles más insignificantes y a través de sus ojos imaginamos ese mundo vital, que circula como la sangre de la literatura.  Describen con pluma maestra, eligen las profesiones adecuadas para sus personajes literarios. Son los dioses que construyen universos superpuestos, fictos y sin embargo,  crónicas casi reales.  Son capaces de enumerar los hoyos de golf de un campo de juego, y de comentarnos como al pasar que son más de los reglamentarios o de promover simpatía hasta por los vagabundos más sucios y desagradables de las ciudades polvorientas. Entran y salen por las puertas con naturalidad.  Estacionan sus autos, conocen personas bastante menos interesantes que las que nos rodean en la vida cotidiana, las ornamentan, las pulen y nos las exhiben porque tienen luz en los ojos y tristezas a ras del suelo. Las manos, en sus narrativas no son manos con cinco dedos, más o menos arrugadas son manos “cardeñas, angulosas, nervudas y luengas”. Y cuando describen olores, guau, son olores que jamás percibimos porque se asemejan a cosas tan insólitas como cruceros naufragados en una isla desierta, como flores cuyos nombres no desconocemos pero que jamás hemos olido en nuestra desaprensiva existencia o como aromas de la industria del perfume a la que jamás accederemos con nuestro humildes salarios. La pregunta que nos hacemos, cuando terminamos de leer alguno de sus cuentos, reportajes, novelas es por qué son tan iguales unos a otros. Sé, como es lógico, que no hay tantas historias que contar, que la jerga globalizada determina el bien y el mal: unifica sus pensamientos- melaza. Es cierto que dije que los admiro demasiado, con furor, pero los admiro  por su espíritu de cuerpo, como clase social que me toma desprevenida, como sindicato autónomo bien regulado, como si en ellos el estilo fuera carecer en absoluto de estilo y parecerse a sus semejantes; evitar la desavenencia de voluntades u opiniones pasajeras.  Porque, en el fondo de mi corazón siento un pequeño fastidio cuando no son capaces de jugarse la muerte en la ruleta rusa de las palabras y van a lo seguro. A la apuesta en firme. Uno juega rojo, el otro negro, la banca el cero y siempre alguno gana, y siempre alguno pierde, pero tienen la autonomía suficiente como para proponer un nuevo tiro de dados al croupier del casino sin paredes, en el que hay solo ventanas y pases mágicos de bendiciones y estigmatizaciones.  Son diccionarios vivientes, escuchadores atentos (he llegado a pensar que graban conversaciones enteras para poder hacer su trabajo menos dificultoso, reproduciéndolas en su simple acto dactilográfico, y que sienten verdadero encono ante la página en blanco, cuando no un tedio sostenido). Se aburren de escribir y nos quieren convencer de lo contrario elogiándose mutuamente en finos receptáculos de la verdad verdadera, con su batería de ruidos y sonidos escogidos ad hoc de la banda musical que se les cruzó por la carretera. Estos son los escritores de lo que he dado el llamar Proyecto Ruta 66.  El estilo trivial es más trivial de lo que aparenta. Es rudimentario,  obcecado, simple. Es ingenioso, es creativo, pero es soso como una patata hervida, no sabe desfallecer hasta para emitir gruñidos. Que los admire no significa que no pueda sentir repulsión por sus frases preconcebidas y evitar sus textos, por si tengo la fortuna de descubrir una flor del aire en algún rincón de las librerías, lo bastante oculta como para darme cuenta que es una joya enterrada fuera de la vista de los depredadores. El tesoro que el pirata nunca regresó a buscar, porque fue capturado por fieros empleados del orden establecido. Los autores descriptivos son un segmento de la recta infinita y contradictoria que desdibujan mi interés por la escritura.  Un segmento, con principio y fin,  prescindible o no, de la raya con la que, impacientes, nos drogamos los aficionados a la lectura, para recaer en la desgracia adictiva de leer por leer, como mandato de una cultura vacía de conflictos que elogia a los prolijos recolectores de granos, antes que a los inventores de la rueda, del arado o a sus geómetras.


Prosas VIII

V I I I


El  cuerpo es un rincón del paraíso con su inaudible mensaje. Y sin embargo, escribes para conocer su murmullo y no caer en el precipicio oscuro del más allá que te parece infernal. La palabra paga el rescate que te permitirá redoblar la apuesta para vencer a la invencible.

¿Cuál es el ámbito donde la poesía realmente se instala? Podrá circular por la narrativa, la epopeya épica, los estereotipos de las formas consagradas, sus ritmos y cadencias, sus simbologías, sus sentimientos o sensaciones encubiertos bajo la forma alegórica. Podrá pisar pasturas remotas o crear formas menos estructuradas en las que se bifurcan gramática y signos, y se pierden sus huellas para dejar espacio al puro pensar. Podrá roer las palabras, torcerlas, jugar a su antojo con ellas, acomodarlas con o sin sentido posible. Podrá provocar complicidades, espantos, conmiseración, abulia, intimidades, retroceder hasta el asco abismal o elevarse a montañas en las más altas cimas. Pero no. Poesía no es eso. No es solo eso, quiero decir. La Poesía está en el derrubio de las piedras que cubren llanuras de palabras, en la lava de los volcanes que traga ciudades imperiales de la civilización, en los maremotos del lenguaje, sus inundaciones, sus ríos secretos bajo tierra.  La poesía es, entonces, un vuelco, una caída, una subversión del orden creado. La poesía no es solo belleza, ritmo y musicalidad. No es mensaje ni cuento.  La poesía está o no está. Punto y aparte.

Quisiera ser explícita sin caer en la abusada estructura : artículo-sustantivo + - ser-no ser/ estar-no estar /to be or not to be/+ complemento predicativo.   Si observas  a cualquier escritor, poeta, novelista, ensayista, narrador (me incluyo, por supuesto) verás que a menudo subyace esa modo simplificador de explicar lo indecible.  “La poesía es, entonces a,…  La poesía no es solo… “ Pero, advierte que cuando digo: La poesía está o no está, marco claramente el final de la oración.

Las categorías, las divisiones estéticas, los nombres en negrita. la bastardilla, rondan el maniqueísmo político y social. Nada tienen que ver con el encuentro poético.
¿Hay poesía en la huella elíptica de un poema? Me temo que no. Como cualquier otra postura que elija será opinable. Mi lector podrá revelarse, discutir la cita, ofrecer nombres famosos que respalden su postura crítica. Igual, no habrá poesía en la alusión elíptica. Por mucho empeño que le pongan sus defensores o detractores para crearla como categoría. La señal nada agrega al poema, aunque la poesía recupere la señal.

Cuando el poeta calla intencionalmente lo que sabe y hace apología del silencio, burlándose de su quizá único destinatario, se transforma en un publicista de régimen que se bajó los pantalones ante la vista atónita y desconcertada de la tribu, que no le pedía tanto. Deja de ser poeta para convertirse en redactor de versos.  Me enferman sus poses, sus escritorios montados sobre una tarima de oro, sus posteriores premios amañados para la foto consagratoria y sus palabras híbridas de sentido. Y sin embargo, cuando el poeta escribe desde el silencio, sin hacer inútil alarde de su humildad, su voz se vuelve decreto y su obra comienza a rozar la excelencia. Su  marca no podrá ser cubierta por la herrumbre ni manchada por el vicio del olvido.


Prosas VII

VII

El lenguaje de la piel: la primera palabra. La piel de la madre en contacto con su criatura nos funda, nos define y transmite la cultura primigenia: el lenguaje del amor. El lenguaje de las manos: la caricia que enseña a aprender a tocar y ser tocados. Sentir el tacto. Captar sus jeroglíficos en la ausencia. Consolidar la estirpe vital. El lenguaje de la imagen: la iconografía del recuerdo que vivirá en nuestra mente como un plasma sanguíneo, como un daguerrotipo que dará paso a la fotografía del instante, a la película en curso, al manual olvidable que es nuestra existencia. El lenguaje de la oralidad : la lengua que construye los cimientos de nuestro edificio como seres pensantes.  El idioma, ese gran invento humano, todavía imperfecto. La posibilidad de comunicar ideas abstractas, inventadas en un pasado remoto que aspiran a vivir en perpetuidad.
Hay un pacto salomónico entre las acciones humanas. No preguntarás lo que nadie va a responderte. Fue el  principio de la justicia, una superación del antiguo y limitativo impulso de venganza que fue el “ojo por ojo”. El gran salto que debimos y debemos dar (porque poder podemos) es dejar de negociar con la ficción. Admitir que no hay solamente blanco y negro y que quien vea el horizonte de colores es también mensajero y destinatario de los ángeles de Dios.


El drama del pensamiento se concibe porque que es solitario, imposible de propalar y decantarse sino de un modo aproximativo y desleal. No es episódico ni trata de ganar terreno a través de la repetición angustiosa hacia la empatía mayoritaria. Tiene un punto de exclusividad intransferible que incomoda a los receptores. La víspera de su llegada camina por puertos llenos de gente que se comporta igual que si fueran hormiguitas que detectaron su alimento y se enfilan armónicamente para conseguirlo. Cuando se atraviesa la efervescencia de las pasiones, la especulación de la intelectualidad predigerida, las instancias previas de una razón precaria y limitada, el pensamiento comienza su vuelo para entregarse a las delicias de las noches blancas en las que dejas de ser cuerpo y se te aparece ese algo que llamas alma, espíritu, inconsciente, intuición o locura. Eso que llaman éxtasis, y que no habrá narcótico ni estupefaciente que contradiga tu infeliz tragicomedia. 

La pluma deja de ser lapicera y bolígrafo para convertirse en  dedos y teclado de un ordenador que pronto se pondrá tan viejo como nosotros. 

Tengo conciencia de que estoy envejeciendo.  La mayoría ve solo la transformación en el cuerpo: canas, arrugas, adiposidades mal acomodadas, lentitud de movimientos. Algunos luchan por detener la intromisión al precio de olvidar el objeto de su existencia; entregarse a la sabiduría de morir en paz, cuando llegue el momento.  Batallas estériles que saben derrotada de antemano.
Mi conciencia me resume cada día la cantidad de cosas que ya no haré, cierto.  Ella preocupa innecesariamente. La limitación física es insuperable. Mi mente, en cambio, me muestra el deterioro y lo que hice y pude hacer queda atrapado en un pequeño cuento de hadas, que jamás será leído por nadie. La fugacidad de mi condición humana es intolerable.


Prosas V I

VI

No sé si hubo asesinato o instigación al suicidio o muerte natural. Solo sé que no he visto el cadáver. No vi el cuerpo del delito. Sin cuerpo del delito no hay crimen.
Mi amor por Argentina no excluye que sea una ciudadana del mundo.  Nunca sabremos qué pasó si no nos empeñamos en descubrir las patas en que se apoya la mentira de la cultura. Si no sospechamos que todavía hay demasiados alienados por el materialismo como religión.
Si quieres pintar el mundo pinta tu aldea, reza un viejo adagio. Si no empiezo tratando de arreglar los trapos sucios dentro de "mi" casa que es la Argentina no conseguiré resultados más universales. Porque el problema de la globalización debería determinar que no dejaré de ser argentina por amar mi provincia de Buenos Aires, ni dejaré de ser planetaria por ratificar mi compromiso ético en mi patria. Si esto es motivo de discusión, vayan preparando la celda, porque se habrán terminado todas las libertades en el mundo y solo nos pondrán opciones típicas de encuesta telefónica.
No te sientas intimidado por el asombro de la lengua. Sus miles de variantes, sus grados y perspectivas, sus reglas gramaticales y el miedo de olvidarla, te sobrecogen. Ella no pregunta, construye. Ella no irradia, atesora. No siente temor, adviene. Dile tu nombre sin miedo. Ella escucha, preserva, hipnotiza y te despide con la última voz que has de pronunciar, tan suavemente mínima como la primera que ya no recuerdas pero conoces.
Ella: tu lengua madre, tu lengua padre, tu lengua lenguaje, tu lengua compañera, tu lengua enemiga, resumida en un objeto pequeño y precioso, para ser testigo de tu historia. Tienes otros modos de comunicar, es cierto. Somos extraños seres de cultura simbólica que van interpretando a la bartola, cada palabra de los diccionarios escritos en el aire, en la tierra, en el cielo o impresos en papel de lijar. Y lo bien que hemos hecho en no atenernos a definiciones estrictas, en jugar a las escondidas, al gallito ciego, al ring raje, con esos bártulos heredados de los que nos vamos desembarazando durante el transcurso del tiempo. Dicen que la memoria del idioma es un espejismo. Puede ser. Pero, quien se atreverá a afirmar que la verdadera vida no transcurra dentro de la ilusión y que la cruda realidad no sea sino un vulgar rastrillaje de reminiscencias cristalizadas durante el concomitante trayecto.

No se te ha concedido algo tan grande, antes: La posibilidad del silencio. Tu silencio dará sentido a la vez que ora et labora, al ruido del mar, a la música de los instrumentos. Tu discreción, camarada, es ejemplo de alborotos inexpresables, que solamente el hálito palpita y convierte en amor o conjetura. Aprovecha tu intuición para seguir callando y hablar cuando haga falta.

Prosas V

V
Los huesos del artista fueron drenados hasta que quedaron resecos, vaciados de su médula y apenas sostienen un cuerpo escuálido y macilento, que añora su redención a través de la obra afterdeath, como íntima venganza de su empecinamiento. Pero no es eso  o verdaderamente grave. Que no  habrá finales felices ni vidas bukowskianas para todos, ni cámaras atentas a la difusión mundial cuando acabe el viaje duro y obstinado es un hecho traslúcido. No afectará la necesidad por la creación, porque desde que se larga la carrera por el reconocimiento (éxito es otra cosa mucho menos misteriosa) todos saben que no hay sino podio para uno. El misterio de los elegidos. El resto será (seremos) claqué, actores secundarios, extras de reparto, meros guionistas, técnicos aplicados, resignados alumnos que no acceden a la llave maestra que abre el palacio del inconsciente colectivo, colectivo cada día más consciente de su inconsciencia, si se me permite la digresión del juego de palabras.
Ayer leí dos antologías poéticas completas. Debo reconocer, con pesar, que  sus autores eran muy malos. Un hombre y una mujer. Uno ya fallecido, (no diré cuál es cual), ambos con cierto renombre en el mundillo literario.  Cuanto más leía esos versos más comprendía, a contrario sensu,  el espíritu de la poesía como arte supremo,  su mística, su secreto de estado, su excelencia.  Un poeta peruano, un poeta español. Los dos académicos de larga trayectoria. Uno traductor (llegué a su lectura por la emoción que me produjeron sus traducciones de un ilustre escritor, de quien jamás sospeché que sería tan bueno en una lengua materna que rara vez ha dado buenos poetas). El caso es que uno era locuaz, los versos perfectamente alineados y medidos, con riqueza lingüística, talento narrativo, un dominio absoluto del oficio, cierta gracia. El otro, también, aunque se notaba que su empeño poético estaba a contramano de su trabajo idiomático y su verdadero arte estaría en las traducciones. Al poeta peruano habrá que perdonarle su ingenuidad porque no alcancé a percibir una sola idea memorable en su profusa obra. Al otro también habrá que perdonarle su atrevimiento. Creyó que si podría iluminar la complejidad de algunos grandes autores podría aportar algo suyo, con el convencimiento de que no lo haría del todo mal. Para resolver el punto de fuga de mi incertidumbre crítica, volví a leer a los poetas traducidos, a los geniales,  y descubrí su grandiosidad, la perdurabilidad de sus palabras, el vapor que emanaban sus poemas después de ser incorporados como una parte activa de nuestra personalidad. Volver a estos iluminados por la palabra exacta (uno todavía está vivo, y es una felicidad el descubrimiento porque incluye la potencialidad de llegar a conocerlo), me hizo ver cuánto de los dos malos poetas habían estado rodando por mis cabeza, sigilosamente, haciendo pasar gato por liebre, mezclando el agua y el aceite, lamiendo de sus antepasados lo que no podrían llegar a crear en diez vidas seguidas y dando cátedras reveladoras. Me disculparás, lector, que no dé nombres. Estoy mirando dentro de mi pellejo y de pronto, haciendo mi trabajo de escritura habitual, tuve la sensación del relámpago.
Después de haber escrito: El último poema, que publiqué en mi página web,  estoy caminando por la cornisa de la prosa. Me cuesta mucho la síntesis, pero lo intento.

Yo solía ser amiga de Charly García, hasta que se volvió cuerdo y dejé de serlo. Bendita sea mi salud mental.

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IV

¡La libertad no es libre! A nadie le interesa, por supuesto. ¿Cómo empezar a combatir los convenios amañados, las tramas de una alianza pecaminosa, la soberbia de las elegidas dueñas y herederas del reino de la promiscuidad que darán hijos varones sumidos para ejecutar la perversión que multiplica el odio y los rencores? Una vez instalados en sus bancas, los rebeldes se transforman en un sofisticado engranaje del sistema. La masa ignorante con aspiraciones presuntuosas sale en defensa de "la libertad de expresión" apoyando a los gobernantes que los castigan sometiéndolos al vil destino de esclavos de un poder compacto que no les permitirá ni siquiera mirar por la hendija de la puerta. Cuando quieran clamar por sus derechos, será tarde. No habrá un solo micrófono que se los permita.
Me pides palabras compactas que no sé pronunciar, oraciones sentenciosas que se jactan de tener la sabiduría entre los dedos, juicios sin valor ni siquiera como opinión. Me pides versos blancos, odas épicas, poemas institucionales con métrica, con rima, con notable pasión en sus retinas añosas. Me pides retórica para aliviar tus cicatrices supurantes. ¿Me perdonas? La bronca no me permite escribir lo que siento.
Decimos: “Es delgado como un junco”. Si nunca has salido de tu ciudad nunca has visto un junco. Nunca has visto un cardo, un álamo, una llanura, un tifón, una marea, una ola, un cóndor, una llama, un oso polar. Has visto películas en el cine, series extranjeras, videos, programas de televisión y de computadoras, nubes oscuras de humedad, músicos en vivo, fábricas abandonadas por empresarios, peatones torpes, semáforos rotos, borrachos y drogados. Nunca has visto un arcoíris en la playa, un tiburón hambriento, una bodega funcionando, un tipo de queso del que en el mercado de tu barrio no saben ni el nombre. Has visto papeles de envolver regalos, seres extraterrestres, pescados, salas de juego, calesitas, escuelas, bibliotecas públicas y privadas, bingos y casinos. No has visto un kimono, el Taj Mahal, el Vaticano, las Torres Gemelas, el museo del Louvre, los palacios reales de las monarquías más conspicuas y olorosas, montañas de siete colores, el parque nacional de Las Quijadas. Has visto publicidades, libros, bares de cadenas multinacionales, cigarrillos, ropa barata made in China, bodegones, organigramas, residencias lujosas, chozas impenetrables, grafitis para todos los gustos. Si nunca sales de tu ciudad nunca verás un junco, que no sea delgado como un junco.
Era como una cicatriz sepultada debajo del recuerdo oficial que lo ignorase. Tenía quemaduras ocultas de sol entre las piernas, llagas en la espalda, minúsculos lunares de mentira. Era igual que una piedra erosionada por el viento de la indiferencia, y todavía piedra fundacional. Tenía truenos en la voz y relámpagos bajo el ombligo. Era la frescura, la honradez, el cálido piropo. Tenía paciencia ante el enigma. Era el eco fugaz de arrabales clandestinos. Tenía murmullos de paisajes en las fotografías, a vueltas de correo de estampilla solemne. Era una historia sin fin, en el país de las maravillas de la infancia pubescente. Tenía limpidez de bendiciones, barquitos esperando zarpar hacia otra orilla, camaleones en el pelo. Se reinventaba en las noches debajo de las sábanas y olía a zumo de frutas de cosecha reciente. Tenía el don de hacerme reír en todos los idiomas. Era caso cerrado. Res judicata.

No te encuentro, poema. Fuiste abducido en la turbulencia de un cúmulo estelar. Pareces otro. Sin duda, ya no eres mío. Estás falto de fe, permeable a nuevos halos de radiante luminosidad. Te seduce la serpiente que ha mordido a Eurídice en su escapatoria. Te tientan las sirenas de islas inventadas por Homero, en su beneficio. No te hallo, poema. Te fugaste en un tren de madrugada. Cambiaste el pasaporte por los sellos, la metamorfosis por el ruido, la inspiración por el emblema onírico. El ojo llora a su flor, sin aceptar las consecuencias.

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Aunque todo se repita y nadie lo recuerde. Aunque todo anteceda, se suceda y se explique con engaños, hipocresía y dogmas. Aunque cada vez que suene una cuerda de guitarra te entren ganas de bailar o de llorar o de morir o de gozar hasta el orgasmo de tu juventud  que durará hasta la hora de tu muerte, si sabes disfrazarla de adultez para que las comadres de tu barrio no te señalen con el índice de su mano derecha,… no abandones esta vida sin haberla vivido dentro y fuera de tu mente. Para bien o para mal, es lo único que te fue donado.

Hay una avalancha de nombres en la historia reciente.  Son tantos que impedirán recordar el primer sustantivo original al que denominamos dios y naturaleza por convención lingüística. Hay una clara diferencia entre dios y Dios, entre naturaleza y Naturaleza. Un ciego pacto de las sombras anima una discusión al respecto. Cuanto más confuso el lodazal mayor será el éxito de los temerarios.
Anoche soñé con un verso perfecto para estas prosas imperfectas. Lo olvidé, como siempre ocurre con nuestra capacidad inconsciente de provocar asombro. El recuerdo es vago y arrogante: asimilaba prosa con proeza y espasmo con espanto. La Literatura es un laberinto del que escapas cuando estás despierto.

La Inteligencia suele ser tributaria de la Belleza. Se encoge ante su magnitud violenta. Se ensancha para conquistarla. El objeto de tu existencia incognoscible es alcanzar el grado máximo de lo bello en cualquiera de sus formas y magnitudes. Tu Razón explica lógicamente que la Belleza es una construcción cultural histórica. Que ella depende de múltiples factores educacionales y aprehensibles.  Ningún oráculo te dirá que la Belleza es un obsequio de nuestros antepasados, porque se supone que no ignoras esta dimensión de peldaños consecutivos. Y no obstante, tu meta es alcanzarla como si en realidad habitara en este mundo.

A veces toca ser escritor de culto, otras ser del palo mercantil: vender producto y pasar por caja.  De vez en cuando, toca borronear breviarios, confeccionar manuales, compendiar anécdotas. A menudo toca traducir, acotar, resumir, explicar, transferir leyenda inaccesible, recordar mitos y escuelas. A veces toca hacer apologías, diatribas, ediciones impresas en letras de molde. Casi nunca toca suerte.

¿Cómo nace un poeta? Casi siempre en primavera.  Unos días antes de comenzar el invierno en el hemisferio norte. Para santificar las fiestas y echar leña al fuego, si es necesario.  De parto natural o por cesárea, que es el más natural de los partos modernos. Cuando apenas se tienen segundos de vida o hasta un instante antes de morir. Un poeta nace porque se hace. Se hace porque nace, como una paradoja interminable e incierta. ¿Cómo nace un poeta? Como nacen los gorriones en la rama,  sin hacer el menor ruido, cuando nadie los ve.
Hay preguntas que han perdido toda posibilidad de respuesta. No porque no contemplen otras opciones sino porque los mecanismos de la mente nos conducen de manera tácita y sin esfuerzo a los sólidos pisos conocidos. Por ejemplo: La condición humana. ¿La condición humana? Malraux. ¿Cuántos han leído a Malraux sin bostezar? Por mucho que después Hanna Arendt lo intentara. Sigue siendo Malraux. Sigue siendo la pérdida de la individualidad en un enfrentamiento bélico para beneficio exclusivo de aquellos que  no tienen la menor idea de por qué lo hacen y a quienes responden y obedecen. 

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Cada letra es una ceniza del extenuado corazón; la blancura de los pétalos de un jardín amarillento; el aliento atesorado en una flauta prodigiosa; el pan y las confituras de tu mesa vacía.
Arrepiéntete. No te arrepientas de nada. Duda. Ten la certeza de no dudar. Grita. Calla. Explícate. Vacila. Sopla. Ruega. Vende.  Regala. Compréndete. Pierde. Compra. Salta. Trueca. Olvídalo. A Dios tus pequeñas manías le dan lo mismo. Tu tramo  está sellado entre líneas y símbolos azarosos de una perfección incalculable.
El poeta aseveró: “El muro es tu único testigo” y quiso significar que  “el espacio en blanco” de su escritura era su margen de error y salvación. Cuando nadie nos observa, Dios todo lo ve. Sus notarios escuchan a través de las paredes.
“El muro es mi único testigo” dije yo. Los años pasaron. El muro es otro muro irrevocable. Nunca sospechado por ser excesivamente predecible. Un muro que me excluye y me retiene como a una mariposa disecada bajo un cristal de laboratorio humano. 
 Malgastamos el presente en escribir nuevas oraciones gimiendo sentimientos asfixiados, condolencias y terquedades. La ausencia no se puede esconder debajo de la alfombra. La soledad es árida y permanente.
La tecnología avanza, el papel se humedece. Las liendres comen el libro. El aire se lleva nuestros mensajes en sitios virtuales que fagocitan el pensamiento moderno con antiguos artilugios. La quema de libros, la obligatoriedad de cambiar de idiomas, la lengua muerta en sepelios rutilantes de convocatoria y cajón cerrado. 
El sendero de los ciegos. La irrespetuosidad ante los dioses. Las falsas religiones.  La tartamudez de los artistas. El precio de los seres vivos. La energía de los muertos. Todo es verdad. La mentira es verdad porque existe y su voz hace ruido en las tinieblas.

De repente, un punto límite entre el hambre de la vida y el hambre por la vida.  Atesóralo en la palma de tu mano y después recorre tu ciudad contando cada señal de la ruta para que tu vecino llegue en paz a su destino.
Vaticinan años duros. ¿Cuándo tuvimos años blandos los humildes? Vaticinan lluvias copiosas. ¿Cuándo vimos el sol del amanecer apaciblemente sin estar obligados a apagar nuestro despertador interior con el asombro de quien espera que algo cambie de algún modo?

Prepara el oído para la blasfemia, el ojo para la belleza insulsa, el olfato para reconocer el olor de los velatorios y huir de prisa.
¿Leer para qué? Para aprender a leernos y desquitarnos de la imposibilidad de  vivir con nosotros a cuestas.
La mente falla al recordar la sucesión de las palabras. Mala es la suerte de tener buena memoria. Toma mi cuaderno y escribe. Solo el signo no perece.
Las palabras están hartas de semántica, de etimología, de semiótica, de filología, de definiciones, de conjugación verbal., de sintaxis, de penas y alegrías. Hartas de ser descripción, adjetivo cardinal, ordinal, préstamo gratuito, crédito innecesario, pronombre, alegoría. Cambia de juego si quieres cambiar de estado de ánimo. 
Paso a paso las tortugas llegan a descubrir el horizonte.

Prosas I

La noche nos promete ser clara y transparente de estrellas del color de agrisados ojos nebulosos.
No habrá sobresaltos. La música protege el templo de las musas, amparado del ácido corrosivo de las discotecas diabólicas.
¿Quién se atreverá a pedirme que abandone el edificio?
Me mantendré impasible como una tímida cigüeña a punto de emigrar de su morada.
Nunca anheles la desgracia de ser rey ni parecerlo.
Pesa sobre mi espalda la furia de los violentos,  el llanto de los idiotas, las efigies de piedra dura de los corruptos.
La impureza de una rosa se trueca por sus espinas.
Nunca anheles la desdicha del guerrero de la paz, aunque en noches aciagas y tortuosas envides su vejez desconsolada por la ausencia de aquella que ha partido, sin sospechar que mataba a su excelencia, con los labios robados a la luna, de los cuadros que secretamente le pintaba, bajo ínclito seudónimo, con el afán de llevar misterio donde había luz y conmoverla.
Debes empezar considerando que aun siendo distintos ninguno de nosotros es distinto a sí mismo e igual al otro eterno.
El antiguo testimonio de los libros religiosos suele dar cuenta épica de la sangre regada en arenas infinitas, antes y después del tiempo y la sustancia.
Los verdugos ignoran la estupidez humana. Por eso son humanos. Por eso son verdugos.
Mi ser se desquita de la continuidad perezosa o más bien de su motivo de sobrevivencia femenina del erotismo circular y autónomo.
Debes también, adherir a la humidad, hijo mío, sin dar pasos en falso que conducen a camino del pecado original.
Es obsceno mirar a cualquier parte. Es obsceno cerrar los ojos y dejar de ver sin la mirada.
Aquí están copulando el cielo y el infierno, albergados en un todo universal limpio y perfecto.
El tacto aguarda su resarcimiento. El olor penetra sin mancha de anhelo alguno.
La expectación se ha transformado en santa resignación de los designios divinos. Se parece a un puente cubierto de nieve, resbaloso y frío de un país tan lejano que es probable que solo  sea perceptible en la cuna de la imaginación.
Asignar luz a las sombras para inventar la experiencia de la palabra es aliviar la fe, que no se explica.