miércoles, 3 de mayo de 2017

La camareara


LA CAMARERA

Después de haber agotado El sentimiento trágico de Unamuno y El pingüino vive de Simone Weil los tertulianos se fueron yendo.



Uno por uno. Se marcharon. Solo don Julio (Julito para los compadres poetas de nocturnos) quedó en el rincón de siempre.

Me acerqué tímidamente a retirar las copas de la mesita de “Los heraldos de la abeja”.

-El sentido de la vida no tiene una perspectiva universal, pero es que sus palabras siempre tan esmeriladas propician a un diálogo de borrachos, Julito- me atreví y le dije.



Porque ¿a qué dudarlo? La vida no tiene ningún sentido. En eso estamos de acuerdo, si. O tal vez, no. Me deja perpleja el planteo de la pregunta es a estas horas.
Yo llegaré a mi cuarto alquilado, tarde. A esa hora no hay ni metros en la ciudad de Madrid. Tendré que caminar quince cuadras bajo la lluvia.
El dueño del apartamento de Alonso Martínez pretende aumentarme la renta de la habitación, por culpa del alza de los precios de inmobiliaria... Usted no me está oyendo. ¿Verdad que no? Entonces permítame que me siente a su lado. Ocurre que cuando llego a la fría habitación de la que le hablaba nadie me espera con una taza de caldo de gallina. ¡Que contradicción! Todo el día sirviendo sopa a los clientes y lo único que quisiera encontrar a la vuelta del trabajo es un plato caliente para compartir con alguien con quien conversar.
Mañana usted habrá olvidado toda esta cháchara. Pero no sabe lo bien que me hace desahogarme con una persona tan importante.
A veces creo, que Dios se ha puesto de mi lado. Julio está en el bar. Voy a servirle un vino a Julio.
Cuando Ud. me pida el desayuno (mañana, pasado el mediodía) me sonreiré íntimamente y no haré una sola mueca. Mi gesto quedará sellado en la molicie.
Sé que volverá a vomitar antes de la noche y yo seré la única camarera disponible que quede para atenderlo. Las demás ya se habrán ido. La última que permanecerá a hacer horas extras soy yo. Por propia voluntad.
Es que como le decía... no tengo a nadie que ahueque mi colchón y me recaliente un cocido.



Si señóóó... usted me cae tan simpático. Tómese otro vinito conmigo.



Sus historias de Tenorio con mujeres variopintas me hacen pensar que estoy frente a una estrella del rock and roll. Un sabio contemporáneo, Julio. Un Mick Jagger, un Keith Richards. Un Charly Watts. ¿Qué digo un Charly Watts? Un Leonard Cohen.



Me lo imagino rapeando como Eminem, y yo, yo… yo soy la Mala Rodríguez cantándole Nanay... 



"Su perfil es enjundioso. Su rostro esbirro excita mis argumentos más ingenuos y exaltados." 



Y no volveré a  rimar enjundioso con odioso que después usted se burla y me critica por usar palabras cursis y, además, ya me explicó veinte veces que no se debe decir rostro cuando se quiere decir cara. Pero escucharlo corregirme tan amorosamente me provoca, me sube...

EAAAAAAAAAAA 
EAAAAAAAAAAA
EAAAAAAAAAAA

¡Despierte! ¡Despierte! Llegó su taxi.

(Que pase una buena noche, mi querido). 

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