jueves, 2 de marzo de 2017

Narcisa




NARCISA







Por la mañana, al levantarme, me veo en el espejo y me digo: 
-Guapa. Estás más delgada. 
Luego de desayunar cereales, jugos y vitaminas salgo a la calle, recién bañadita y vestida para matar. Soy una diosa. 
Me cruzo con el diariero que me pregunta cómo estoy. 
Respondo: “Bien. Pero usted ¿cómo soportó dos días sin verme? 
El hombre me mira raro. Noto que me desea. 
Llamo a un taxi. El conductor se da vuelta hacia mi asiento y se queda mirándome. Espera que le hable. Está flechado por mi belleza. Sonrío condescendiente y noto que me quiere acompañar porque me pregunta hasta dónde viajo. 
Le contesto entonada y digo: 
-Agradezco su devoción aunque no esté buscando compañía. 
Hoy, es uno de esos días en que advierto lo maravilloso de estar enamorado de uno mismo, y no hay margen para la infidelidad casual. 
Soy la mujer de mis sueños. 
Sin embargo, el mundo se ha vuelto loco y hay quienes creen que debería consultar, urgentemente, a un psicoanalista.